jueves, 24 de abril de 2008

VENEZIA SENZA AMORE

Venecia fue la Serenísima República, Señora del Mar Mediterráneo en la Baja Edad Media. Fue. Ya no lo es.Tras alcanzar su cénit su estrella fue eclipsada por la media luna turca que amenazó Europa durante los tescientos años siguientes .Pero sólo en parte.Venecia siguió siendo una importantísima plaza marítima, adinerada y culta.Los palacios que se construyeron sobre el gran canal, la mayoría de un gótico impecable, pertenecieron la familias nobles de la ciudad.Hoy están vacíos.Por eso Venecia es la ciudad más bella y al mismo tiempo más triste del mundo.El cielo cambiante del Véneto garantiza el regalo de un día de sol y cielo increíblemnete azul al visitante ocasional, pero el bullicio de una tarde de estío junto a los canales deja paso en pocas horas al paisaje espectral de casas majestuosas sin inquilinos, barrios muertos, luces apagadas,agua.La verdadera Venecia yace en la isla-cementerio de San Michele, última morada de señores y criados, de comerciantes y marineros,tierra poco visitada.El romanticismo salvó a Venecia de su decadencia, porque el romanticismo se refocila en la decadencia, ve belleza en la derrota y busca finales wagnerianos para vidas de desventura y en lugar de ensalzar vidas como la de Casanova, preso en la cárcel al que se llega desde el Palacio ducal por el puente de los suspiros, aúpa al podium a personajes como Lord Byron. Byron vivió en Venecia varios años.El Gobierno de Su Majestad Británica le hacía llega su provisión de libras esterlinas para asegurar su sustento.Le encantaba contar a sus novias como sodomizaba a sus compañeros de su elitista colegio privado en Inglaterra.A ellas les compraba por la mañana caros sombreros que después hacía quemar por la noche en su presencia.Tan cambiante Lord Byron de temperamento como el clima del Véneto, ora sopla Sorrento ora Sirocco.Su hija Allegra murió de cóloera con sólo cuatro años y Lord Byron cayó más tarde luchando por la independencia de Grecia.Contra los turcos.Nadó de un tirón el gran canal de Venecia , desde su entrada, donde hoy está el puente rosso del español Calatrava, hasta su salida,donde se encuentra la gudana, la aduana.A ese regusto por Venecia se unieron los primeros turistas modernos.Los que eran sólo unos miles al año hace un siglo años son hoy catorce millones.Y siguen haciendo lo de siempre.Hay parejas heterosexuales que se besan con más teatralidad que sentimiento cuando contemplan el puente de Rialto o escuchan los compases de las orquestinas de San Marcos.Con buen marketing, las orquestinas tocan piezas conocidas por el público, no arriesgan y prefieren soltar un Tchaikoski fuera de lugar que una tarantela napolitana.Es fácil encontrar ojos que buscan el amor contra corriente de los canales.Venecia es mariquitísima.Visconti lo plasmó para siempre en Morte a Venecia,película basada en la novela de Thomas Mann. Homosexual en secreto,Mann sólo se lo contó a su diario, y en testamento dejó dispuesto que no se abriese hasta transcurridos veinte años de su muerte.Mann se mata a si mismo simbólicamente en Muerte en Venecia.La muerte por cólera de su alter ego, el profesor Gustav von Aschenbach, es un justo castigo a su perverso amor por Tadzio, tal vez el segundo polaco mejor conocido del Siglo XX.Cuando el maricón muere,el público burgués aplaude.Las cosas siguen en su sitio.Hoy Aschenbach y el adolescente Tadzio se hubieran casado en el consulado de España provocando la furia de la Chiesa Católica y las protestas de homófoba-xenófoba Lega Nord, el partido "padano" que tiene a un espadachín como emblema . La película habría terminado con una noche nupcial de alaridos tras una boda en el Hotel des Bains, en la Isla del Lido.Pero cuidado con Italia,el alcalde de Treviso, la minivenezia del Véneto, de la Liga, llegó a pedir una "limpieza étnica" de maricones - culettone, dijo -.Imbécil, Venecia se quedaría sin turistas.

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