viernes, 17 de octubre de 2008
LOS ULTIMOS DÍAS DE NUEVA YORK
No, no quedarán para dentro de dos mil años, como en Pompeya, restos de perros petrificados por una erupción volcánica.En la era informatica, las catástrofes geólicas se trasmiten por internet, pero el impacto acaba sido igual de brutal. Wall Street es Nueva York.El 25 % de los empleos de la ciudad están en el sector financiero.La ciudad no vive de la cultura ni del turismo.Vive, o vivía, del capitalismo.Nueva York es la capital del lujo.Los rascacielos son, pese a la advertencia bíblica, la perpetua materialización de la soberbia.Los escaparates a ras de acera ofrecen productos tan caros que ni siquiera existen.La tienda de Loius Vuitton exhibía unas urnas de cristal, detrás de unos cordones de cadenas, con unos destrozos de diseño.Nada en su interior.Lo más caro es lo más inimaginable.No se puede ni mostrar.Casi nadie entra en las tiendas más caras de la Quinta Avenida, y Tiffany,s es el diamante que corona el melting pot americano, la mezcla de razas.No tanto.Se oye hablar español, pero nadie lo habla a partir de la primera planta de los edificios de oficinas.El inglés ordena y manda. En inglés son los debates entre los políticos que se enrentan en las elecciones de este 2008, y en inglés se trasmite, en directo, la agonía de Wall Street.El crash de 2008.Aún no hemos visto las imágenes de 1929.Las ollas comunales de Brooklyn en medio de la noche, la madre del Medio Oeste abranzando a sus hijos...esas imágenes ya existen.Mexicanos, guatemaltecos, hondureños, la fuerza laboral explotada de la América española que reza - dijo Rubén darío - a Jesucristo."Extranjero" se dice alien en el frío lenguaje administrativo de la Inmigration and Nacionality Act.Inmigrantes que viven escondidos,ojos que sueñan apagados en medio de la oscuridad. Afuera siguen rodando en limousines blancas con matríucla de New Jersey los símbolos del lujo.Los estadounidenses piensan que los europeos nos regodeamos ante la catástrofe.Nadie se lamenta de la ruina de un rico, pero todos sabemos quiénes van a pagar el fin de fiesta.O, por lo menos, su interrupción, Nueva York se ha reinventado muchas veces.En 1970 la ciudad no era un lugar apetecible para visitar.El neoliberalismo la levantó de nuevo.Pueden volver a hacerlo.Las cosas no duran eternamente, pero duran.Lo que nunca debe volver es el culto al lujo y al latrocinio de los banqueros.El hambre está cerca de los restaurantes de lujo, bocas que alimentar, muelas sin nada que deglutir, pero colmillos llenos de ruido y furia.Cuidado.Nueva York, visto en octubre de 2008.
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