lunes, 19 de enero de 2009

MAÑANA ES 20 DE ENERO

La historia de los Estados Unidos de América empezó hace cuatrocientos años, cuando los peregrinos del Mayflower desembarcaron en el nuevo continente. La historia de Barack Hussein Obama es mucho más antigua. Es la historia del cambio, de la innovación, de la transformación: nuestra propia historia. Obama no es negro ni blanco, pero el racista de Alamaba siempre dirá que es negro. No es de izquierdas ni de derechas, pero el red neck de Wyoming le llamará siempre liberal. No es un pacifista, pero el veterano de Irak siempre tendrá una palabras gruesas para él. La historia de Obama es la de la derrota de los “doctores no”, de los del “no,you can,t”, de los que se oponen a todo menos al recorte de sus propios privilegios al abrigo de Wall Street, mientras se pasa frío en Main Street. La historia de Obama es la victoria de los que creemos que la humanidad progresa, de los que creemos que la condición humana puede mejorar y de hecho mejora. Es el triunfo de los que no creemos que la vida sea una lucha entre el bien y el mal. De los que reconocemos a George Bush el logro de haber implantado en Africa el programa “nochild left behind financiando la lucha contra el SIDA, ocupándose de las olvidadas guerra de Darfur o del Congo. Pero también es el triunfo de los que no creímos nunca en las armas de destrucción masiva, de los que no nos resignamos a ver como billones de dólares se han esfumado en el último año de los bolsillos de miles de ahorradores , de los que un día creímos en Ronald Reagan y sabemos hoy reconocer de qué lado se encuentra la esperanza y en qué lado hay sólo ideas agotadas aunque se defiendan con buena fe. A partir de mañana esperamos un capitalismo con rostro humano. Un sistema que persiga a los especuladores que se refugian en los paraísos fiscales y que son más dañinos que otra clase de piratas. Esperamos un Gobierno Federal que vuelva a subvencionar a las ONGs que promueven actividades para los más desfavorecidos. Pero recordando a Linconl, ayunadando al débil sin debilitar al fuerte. No esperamos que todo cambie, porque es suficiente con que las cosas cambien sólo un poco para sentirnos mejor. El medio es el mensaje, y el color de la piel también. Un gran muro invisible ha caído. Caerán más. Pero tras el derribo de un muro quedan sobre la tierra los escombros, y volveremos a tropezar con ellos hasta que un día desaparezcan por completo. Entonces ya no habrá, son palabras de Barack en un meeting en Florida, más Estados rojos contra azules, negros contra blancos, heteros contra gays. Es mucho pedir. Pero por un día seamos realistas y pidamos lo imposible. Somos la generación de Obama, somos los hijos del mayo francés, somos la generación que vio de niños por televisión a los B-52 bombardear Camboya, crecimos contemplando el napalm abrasando a criaturas de nuestra misma edad, somos la generación que llegó tarde a todo y tuvo miedo de no llegar nunca. Hoy nos unimos a nuestros padres y a nuestros hijos. Es tiempo de esperanza. Es deber de todos mantenerla. Obama es ya el gran símbolo de nuestro siglo naciente. El color de la piel ya no importa. Y olvidemos también las diferencias religiosas. Todos rezamos al mismo Dios. Sin mirar al pasado, empecemos un nuevo día. Mañana es 20 de enero de 2009.