lunes, 14 de septiembre de 2009

A LOS QUE NO PUIEDEN DORMIR

Michael jackson era negro y quiso ser blanco. O, al menos, menos negro de lo que era. La comunidad afro-americana no lo rechazó por esta razón, y la crítica a esa albinomanía procede de los anglosajones. En los barrios de afroamericanos o en las ciudades de Africa y Asia hay decenas de productos para blanquear la piel. En un mundo donde la oscuridad de la epidermis determina que escalones puedes subir en la escala social, es lógico el deseo de blanquearse.Condenar o sonreir con condescendiencia esta practica es olvidar a nuestras rubias de bote, a nuestras canas teñidas, a nuestros propios disfraces.Nos burlamos porque sabemos que por mucho potingue que se ponga un pakistaní en la cara, nunca será tan blanco como nosotros. Da lo mismo. Una de cada cuatro mujeres en el sudeste asiático usa o ha usado cremas blanqueadoras, algunas de ellas con compuestos químecos prohibidos que pueden causar daños irreversibles en la epidermis.Es igual. Parecerse al poderoso importa.La colonización a base de cañonazos o de películas les ha convencido.Además, Dios es blanco. Cuando hace unos años se reconstruyó el molde de lo que sería el rostro de un palestino del Siglo I, los cristianos se indignaron. Rechazaron aquel careto de mandíbula prominetnte, cejijunto, frente de poco más de dos dedos y pómulos salientes. Jesucristo era alto y hubiera pasado desapercibido, con su melena al viento, caminado por Amsterdam.Por el Amsterdam monorracial germánico, por supuesto, no por el horror en que los boat people han convertido a Holanda. Si Dios es blanco ¿ alguien quiere ser, en su sano juicio, negro? En la comunidad gay existe un fenómeno similar. La obsesión por parecerse al heterosexual, por no tener pluma.Hay gays a los que cuando se les dice que "no se les nota", sonrien con satisfación. Para halagar a una mujer hay que decirle que aparenta 10 años menos de lo que sus arrugas dicen a voces. Pra insultarla, basta con decirle que aparenta veinte años menos. Con los homosexuales ocurre lo mismo, basta con elogiar su virilidad ¿ es ese el orgullo gay? es duro, pero cuando se trata de tener o no un empleo, y muchas veces es eso lo que está en juego, las personas se someten a toda clase de autodegradaciones. Renegar del color de la piel, que es renegar de los propios padres, o de la propia orientación sexual,es aceptar e interiorizar la superioridad del otro. Y cuando se interioriza que "el otro" es superior, no se le puede derrotar.Es imposible.Nos ha convencido de una falsedad, de la falsedad de que es más que nosotros por la blancura de su piel, por sus cabellos rubios, sus ojos azules y su heterosexualidad.Y no es verdad.Y encima se rien a mandíbukla batiente del cantante que no consigue ser blanco a pesar de sus millones de dólares, y le llaman musculoca al gay que ha desperdiciado su juventud haciendo pesas para parecer un jornalero andaluz. Está el original y la copia que aspira a parecerse al origunal . Y está lo diferente. La copia es admitida en algunos trabajos, al fin y al cabo ha aceptado que su destino es el que es y no es problemático.Lo diferente equivale a lo intolerable.La negrura del negro de cayuco no es la de Obama. El cayuco da miedo. La pluma de verdad provoca terror, fobia, homofobia.En realidad, el hombre de los privilegios, el del Volvo plateado y caista unifamiliar y un trabajo de mentira , vive con el terror de perder esos privilegios. Tiene en su rostro el mismo terror que provoca, por eso está desquiciado y va al psiquiatra.Si los miserables se untan la piel con blanquesol y los maricones quieren parecer bomberos, los habitantes del primer mundo se inflan a psicofármacos. Y por las noches no pueden dormir. No pueden dormir.

viernes, 17 de julio de 2009

SEGUIMOS BAJO LA HOMOFOBIA

¿ Somos libres e iguales en dignidad y derechos los gays y lesbianas que el resto de la sociedad? puede que creamos que sí, que con la aprobación de la ley de matrimonio homosexual los problemas se han terminado. Y no se han terminado. Se han eliminado las formas más graves, más groseras, de discriminación, pero nada más. Pero no se han eliminado las discriminaciones cotidianas, las formas de hablar, de actuar y, sobre todo de pensar, de una mayoría que piensa que nuestra ssexualidad es una sexualidad de segundo grado y por tanto somo ciudadanos de segunda categoría, personas con menor dignidad que ellos, por tanto. Cuando al filósofo Bertand Russell le preguntaba si no pensaba que la Iglesia había evolucionado, repondía que sí, que hace quinientos años le hubiesen quemado en la hoguera. Exactamente hace 500, o para ser más exactos desde el concilio de Trento, nos hubieran quemado en la hoguera. Ahora simplemente vivimos.pero ¿ cómo vivimos? ¿ vivimos bien? haceos a vostros mismo esa pregunta. Problamente si la preguinta fuese ¿ vivís mejor que hace diez años? la respuesta sería afirmativa. Pero seguimos discriminados. Discriminados por un Estado que permite que la libertad de expresión se use para insultarnos, que la libertad religiosa se utilice para estigmatizarnos, que la libertad de enseñanza sirva para trasmitir la homofobia de generación en generación y que las aulas sean el primer sitio donde el gay es estigmatizado a hierro y fuego para siempre. Vivimos en una sociedad donde el hecho de consideranos enfermos se ve como una manifestación de la pluralidad social y no como lo que es: una monstrusidad. Una sociedad que nos ha segregado en una hectarea de terreno urbano en Chueca, en Madrid, de un país con medio millón de kilómetros cuadrados. Un ghetto donde ni siquiera estamos a salvo. Una sociedad donde los gays y lesbianas segumos dando de comer a los psiquiatras, donde el mobbing laboral se ceba con nosotros, donde es díficil que nos quede energía después de hacer frente a cientos de situaciones cotidianas donde nos vemos cuestionados, ridiculizados, asesiados, acosados, insultados, agredidos, despreciados, ignorados o a veces simplemente tolerados. Sólo unas pocas voces nos consideran algo valioso, y la consecuencia de todo esto es el resenitmiento de la autoestima, las dificultades para tener un proyecto personal, la pérdida de vida. Puede que muchos de nosotros aceptemos esta situación de inferioridad como mal menor, esclavos de un sistema que nos permite pequeños márgenes de libertad. Pensar que sería peor no tener ningún espacio. Tal vez, si nos permiten una pequeña dosis de felicidad ¿ por qué no disfrutarla? es lo que hay. Puede ser, pero no os olvideis nunca de cómo nos tratan, de que nos siguen llamando maricones, y que no hay peor medicina contra la homofobia que el autoengaño en la aotocomplacencia.Hay esclavos que gritan vivan las cadenas. Nostros no.

sábado, 13 de junio de 2009

MINORITY REPORT

Eduardo Punset decía en uno de sus libros que hay que escribir para las mayoríaS.Opinaba el divulgador español que las minorías ya están bastante representadas como para ocuparse de ellas. Detrás de su afirmación hay dos ideas: un desdén por los esfuerzos de las minorías en hacerse oir y una despreocupación por sus problemas, que no van con "la gente normal". Y hay otro motivo: la creencia de que la publicación de libros dirigidos a la "inmensa mayoría" da más dividendos que libros dirigidos a minorías discriminadas. Las minorías de las que habla Punset no es la que va al foro de Davos, esquía en Baqueira Beret o especula en bolsa, o sea, la minoría la a la que él pertenece: Punset habla de minorías dominadas, no dominantes. Esas minorías producen un ruido molesto al ciudadano "normal". Se trata de judíos, afroamericanos en los Estados Unidos, indígenas en Ecuador...y gays y lesbianas en todo el mundo.¿Judíos? sí, judíos, judíos perseguidos por cristianos durante una historia infame de 2000 años.Las alusiones al lobby judío o al Protocolo de los sabios de Sión, el supuesto plan judío para dominar el mundo, son sólo una prueba del antisemitismo que persiste. Los judíos sólo han conseguido ser respetados cuando han contado con 400 cabezas nucleares escondidas bajo el desierto del Neguev.Los afroamericanos tienen a uno de los suyos con el botón nuclear de los Estados Unidos a su dsiposición. Los gays no pretendemos llegar a tanto.La clave de nuestro éxito es la no violencia. Hemos sufrimo miles de bajas a causa de la homofobia, muertos, heridos y millones de personas con secuelas físicas y psíquicas. El movimiento gay no ha causado ni una sola víctima, y la gente ama la paz, ansia la paz. Pero para dirigirnos a los demás, asumiendo que somos minoría, debemos hacerlo de la misma forma que los judíos logran conmover al gran público rememorando Shoah, el holocausto, de la misma forma que el espectador estadounidense se revuelve en su butaca viendo en ficción las humillaciones nada ficticias que sufrieron hombres y mujeres del mismo color de piel que el presidente de los Estados Unidos.No debemos divulgar qué es la homosexualidad, sino qué es la homofobia, no debemos enseñar cómo deberían ser las coas, sino como han sido. Gays hablando sobre temas gays no es un tema de gran interés para los demás. Pero apelar al sentido de la justicia, de la dignidad, de la libertad, es apelar a la conciencia y al corazón de los hombres.Y no importa que tales humillaciones o persecuciones cesen. Deben ser recordadas.Olvidar es convertir en inútil el sufrimiento de millones de personas, y nuestra ansia de trascendencia es contraria al olvido. Por eso hay que hablar de las minorías injustamente tratadas.Nadie está a salvo de la injusticia,. nadie . Sabemos que JFK dijo que "la vida no es justa, nunca lo ha sido y nunca lo ser´". Lo sabemos. Nunca habrá un mundo justo, pero si un mundo un poco más justo si luchamos por él. Just do it.

domingo, 25 de enero de 2009


lunes, 19 de enero de 2009

MAÑANA ES 20 DE ENERO

La historia de los Estados Unidos de América empezó hace cuatrocientos años, cuando los peregrinos del Mayflower desembarcaron en el nuevo continente. La historia de Barack Hussein Obama es mucho más antigua. Es la historia del cambio, de la innovación, de la transformación: nuestra propia historia. Obama no es negro ni blanco, pero el racista de Alamaba siempre dirá que es negro. No es de izquierdas ni de derechas, pero el red neck de Wyoming le llamará siempre liberal. No es un pacifista, pero el veterano de Irak siempre tendrá una palabras gruesas para él. La historia de Obama es la de la derrota de los “doctores no”, de los del “no,you can,t”, de los que se oponen a todo menos al recorte de sus propios privilegios al abrigo de Wall Street, mientras se pasa frío en Main Street. La historia de Obama es la victoria de los que creemos que la humanidad progresa, de los que creemos que la condición humana puede mejorar y de hecho mejora. Es el triunfo de los que no creemos que la vida sea una lucha entre el bien y el mal. De los que reconocemos a George Bush el logro de haber implantado en Africa el programa “nochild left behind financiando la lucha contra el SIDA, ocupándose de las olvidadas guerra de Darfur o del Congo. Pero también es el triunfo de los que no creímos nunca en las armas de destrucción masiva, de los que no nos resignamos a ver como billones de dólares se han esfumado en el último año de los bolsillos de miles de ahorradores , de los que un día creímos en Ronald Reagan y sabemos hoy reconocer de qué lado se encuentra la esperanza y en qué lado hay sólo ideas agotadas aunque se defiendan con buena fe. A partir de mañana esperamos un capitalismo con rostro humano. Un sistema que persiga a los especuladores que se refugian en los paraísos fiscales y que son más dañinos que otra clase de piratas. Esperamos un Gobierno Federal que vuelva a subvencionar a las ONGs que promueven actividades para los más desfavorecidos. Pero recordando a Linconl, ayunadando al débil sin debilitar al fuerte. No esperamos que todo cambie, porque es suficiente con que las cosas cambien sólo un poco para sentirnos mejor. El medio es el mensaje, y el color de la piel también. Un gran muro invisible ha caído. Caerán más. Pero tras el derribo de un muro quedan sobre la tierra los escombros, y volveremos a tropezar con ellos hasta que un día desaparezcan por completo. Entonces ya no habrá, son palabras de Barack en un meeting en Florida, más Estados rojos contra azules, negros contra blancos, heteros contra gays. Es mucho pedir. Pero por un día seamos realistas y pidamos lo imposible. Somos la generación de Obama, somos los hijos del mayo francés, somos la generación que vio de niños por televisión a los B-52 bombardear Camboya, crecimos contemplando el napalm abrasando a criaturas de nuestra misma edad, somos la generación que llegó tarde a todo y tuvo miedo de no llegar nunca. Hoy nos unimos a nuestros padres y a nuestros hijos. Es tiempo de esperanza. Es deber de todos mantenerla. Obama es ya el gran símbolo de nuestro siglo naciente. El color de la piel ya no importa. Y olvidemos también las diferencias religiosas. Todos rezamos al mismo Dios. Sin mirar al pasado, empecemos un nuevo día. Mañana es 20 de enero de 2009.