sábado, 16 de febrero de 2008

VOLVERÁS A REGIÓN;HISTORIAS DE PUERTO ESCONDIDO

No sé porque he mezclado el título de una obra de Benet con el nombre de Puerto Escondido. A lo mejor porque un sitio que se llame así tiene que ser forzosamente bonito.En el mapa interior que llevamos donde Puerto Escondido es el lugar perfecto para escapar de una gran ciudad. Los que vivimos en grandes capitales sabemos que estamos atrapados en ellas. Por eso la auotpista del Sol, la que desde el DF lleva a Acapulco, se llena todos los viernes con un tránsito denso hacia la costa.Feliz 2009, era el saludo que intercambaban los asistentes a una reunión de banqueros en Acapulco al finalizar 2007.2008, por descontado, iba a ser un mal año. Cosas de la economía.Me contaba una amiga de Toluca, captital creo de Edomex, que Acapulco no es un lugar atractivo.demodé, le dicen. Pasado de moda porque a fuerza de tanto repetir los clavados el espectáculo ha perdido fuerza.En España a un clavado se le llama lanzamiento de cabeza.La verdad, decir clavado supone economizar el mensaje.Pero en España no hay más clavado que el Nazareno, y quien le llame así al ritual de Apaculpo no será entendido.Los clavadistas de Acapulco se encomiendan a la Vírgen antes de saltar, al atardecer o al anochecer. Falta les hace. Perder la sincronización con la ola en la que tienen que aterrizar les llevaría a estrellarse contra las piedras. Tirarse desde la Roca Quebrada no es ninguna broma.de esa forma quedó tetrapléjico Ramón Sampedro, un joven gallego,condenado a vivir atado a una cama.Hasta que una mano amiga le acercó el cianuro que habría de liberarlo de su cuerpo. Alejandro Amenabar llevó su historia al cine y ganó un Oscar.Mar adentro se llama la película.Por eso los clavadistas lo viven como un ritual casi religioso.Lo que los turistas no ven es que cada clavadista que salta lo vive como un asunto de honor.Y siempre hay alguine que no salta y se convierte en un señalado porque no hace lo que sí hicieron sus hermanos. Y el chavo que no salta me interesa más que el que salta ¿por qué ?para saberlo hay que ser, como yo, de los que no saltan.