viernes, 17 de julio de 2009

SEGUIMOS BAJO LA HOMOFOBIA

¿ Somos libres e iguales en dignidad y derechos los gays y lesbianas que el resto de la sociedad? puede que creamos que sí, que con la aprobación de la ley de matrimonio homosexual los problemas se han terminado. Y no se han terminado. Se han eliminado las formas más graves, más groseras, de discriminación, pero nada más. Pero no se han eliminado las discriminaciones cotidianas, las formas de hablar, de actuar y, sobre todo de pensar, de una mayoría que piensa que nuestra ssexualidad es una sexualidad de segundo grado y por tanto somo ciudadanos de segunda categoría, personas con menor dignidad que ellos, por tanto. Cuando al filósofo Bertand Russell le preguntaba si no pensaba que la Iglesia había evolucionado, repondía que sí, que hace quinientos años le hubiesen quemado en la hoguera. Exactamente hace 500, o para ser más exactos desde el concilio de Trento, nos hubieran quemado en la hoguera. Ahora simplemente vivimos.pero ¿ cómo vivimos? ¿ vivimos bien? haceos a vostros mismo esa pregunta. Problamente si la preguinta fuese ¿ vivís mejor que hace diez años? la respuesta sería afirmativa. Pero seguimos discriminados. Discriminados por un Estado que permite que la libertad de expresión se use para insultarnos, que la libertad religiosa se utilice para estigmatizarnos, que la libertad de enseñanza sirva para trasmitir la homofobia de generación en generación y que las aulas sean el primer sitio donde el gay es estigmatizado a hierro y fuego para siempre. Vivimos en una sociedad donde el hecho de consideranos enfermos se ve como una manifestación de la pluralidad social y no como lo que es: una monstrusidad. Una sociedad que nos ha segregado en una hectarea de terreno urbano en Chueca, en Madrid, de un país con medio millón de kilómetros cuadrados. Un ghetto donde ni siquiera estamos a salvo. Una sociedad donde los gays y lesbianas segumos dando de comer a los psiquiatras, donde el mobbing laboral se ceba con nosotros, donde es díficil que nos quede energía después de hacer frente a cientos de situaciones cotidianas donde nos vemos cuestionados, ridiculizados, asesiados, acosados, insultados, agredidos, despreciados, ignorados o a veces simplemente tolerados. Sólo unas pocas voces nos consideran algo valioso, y la consecuencia de todo esto es el resenitmiento de la autoestima, las dificultades para tener un proyecto personal, la pérdida de vida. Puede que muchos de nosotros aceptemos esta situación de inferioridad como mal menor, esclavos de un sistema que nos permite pequeños márgenes de libertad. Pensar que sería peor no tener ningún espacio. Tal vez, si nos permiten una pequeña dosis de felicidad ¿ por qué no disfrutarla? es lo que hay. Puede ser, pero no os olvideis nunca de cómo nos tratan, de que nos siguen llamando maricones, y que no hay peor medicina contra la homofobia que el autoengaño en la aotocomplacencia.Hay esclavos que gritan vivan las cadenas. Nostros no.

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