Mientras estuve en el armario donde guardaba mi "secreto" me confortaba pensando en que algún día llegaría a un tiempo y aun lugar donde los chicos podrían aman a los chicos y las chicas a las chicas, habitado por unos seres capaces de convertir la homofobia que padecen en el mundo exterior en amor fraternal en una sociedad abierta. Pensé en la existencia de la solidaridad entre los oprimidos. Es falso. el deseo del oprimido es dejar de serlo, no unirse en una fraternidad del sufrimiento, en una comunión del dolor. Sólo quienes han padecido una experiencia desgarradora buscan, más por aliviar su sufrimiento que por altruismo, compartir el dolor. Esa fue la época de los actos del proyecto de los nombres, en estados Unidos, cuando se recitaba la plegaria “I remember” después del nombre de una víctima del SIDA. Han pasado 20 años y nadie lo recuerda y nadie los recuerda. Fueron ellos los que nos sacaron del agujero negro de 1985 y nos han llevado al matrimonio gay en Boston y en Madrid. Fueron ellos, quienes, sabiéndose próximos a morir, decidieron hacerlo con la orgullo de una sexualidad públicamente asumida y reivindicada. Fueron ellos, the forgotten herosr of a forgotten war, como dice la canción irlanesa waltzing mathilda, fueron ellos y no nosotros los que conquistaron tierra llenas de dignidad para nosotros. ¿ se puede repetir aquello en tiempos de gaygym y vuelos en clase turista al alcance de cualquiera? No.
Waltzing Mathilda fue retomada por el grupo de la isla esmeralda “The Pogues”, que hizo un memorable tema en su obra de 1985 “Rum, sodomy and the lash”, repitiendo las palabras que dijo Churchill acerca de lo que había en la Royal Navy. El cuadro de “La balsa de la Medusa” aparece enla portada de un long play que hoy es una obra de culto. El cuadro es una pintura romántica de Théodroe Géricault, de 1819. La Medusa fue abandonada a su suerte por unos oficiales cobardes al servicio del Rey de Francia. Dejaron abandonados a 150 hombre en la mar. Algunos de ellos improvisaron una balsa, sobrevivieron y pudieron contar la felonía de los marinos. En el cuadro se ven los cadáveres amontonados de algunos desgraciados. Pero volvamos al grupo irlandés: “Pog” significa beso en la vieja y venerable lengua irlandesa, a la que me aproximé en mís días y noches de vida dublinesa, y fue allí, en la capital del tigre celta, dónde bese pro primera vez a un chico. Pero todo esto viene a colación por la letra de la bellísima canción. Cuenta la historia de un soldado australiano que vuelve a casa tras la primera guerra mundial, tras el fallido desembarco de Gallipolli, error bélico imputable a Sir Winston. Sir Winston siguió con si vida, encontró a su némesis en un imbécil austriaco con peinado de proxeneta que terminó sus días suicidándose en un bunker de Berlín, pero muchos jóvenes no salieron de Gallipolli con tan buena estrella.
Cada año, canta la canción, se celebraba un memorial en recuerdo de los soldado caídos y mutilados, como el protagonista de le historia – no arm, no leg -, but, year after year, the number got fewer, hasta que un día nadie quedase para recordar a los veteranos. El último soldado de Gallipolli murió en 2003. Tenemos que impedir que no pase lo mismo con las víctimas del SIDA, y, cada primero de diciembre, recordar que eran como nosotros, personas con nombre y rostro, borrados por un virus maldito. No podemos fallarles. Tenemos que seguir diciendo “I remember”, de aquí a la eternidad. Y nadie, nadie que esté viviendo con el VIH puede quedar abandonado a su suerte, en medio de la mar oceána, como la tripulación de la “Medusa”.No dejemos que quienes tienen el poder corten las amarras. No les dejaremos hacerlo.
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