domingo, 15 de junio de 2008

ITALOMEXICO

Casas ordenadas, pulcritud en las calles, vecinos que hablan italiano, el dialecto del Véneto, la región donde están Venecia, Treviso y Verona: A más de 2000 metros sobre el nivel del mar, buen tiempo todo el año. ¿ Italia ? ¿Europa? No, es México, es Chipilo, un pueblo al sur de Puebla colonizado por italianos en el Siglo XIX y donde, a diferencia de Argentina, conservaron intacto su idioma y sus costumbres. Díficil mantenerlas en medio del nacionalismo mexicano posterior a la revolución de 1917. pero allí seguían cuando el fascismo italiano reafirmó la identidad italiana y se proclamó heredero del Imperio Romano. Cuando los fascistas lanzaron su misión “Italia” para dar a conocer al mundo hispánico los nuevos tiempos del fascimo, no se olvidaron de Chipilo. La expedición mandada por Mussolini se centró en la América hispánica, hija de Roma, ya que, para el fascismo, España era una creación de la latinidad. Hasta Chipilo llegó una delegación de la misión, que fue recibida por los vecinos sacando la banda de música arrancándose con los acordes de Giovineza, el himno fascista. A los compases de clarinetes, flautines y saxofones, los italo mexicanos entonaban las concidas estrofas del “Giovinezza,Giovinezza, Primavera de bellza.Della vita nell´asprezza. Il tuo canto squilla e va”. Chipilo se aferró al sentimiento identitario tan fuerte que ofrecía el fascismo y allí, en el centro de México, se empezaron a ver camisas negras y saludos fascistas: Para el fascismo, el Gobierno mexicano revolucionario era algo así como una secta demoníaca a la que oponían sus ideas de latinidad, imperio, catolicismo y orden fascista. Al Gobierno de México, constructor e impulsor de una sentimiento nacionalista que daba continuidad a la comunidad azteca, no le hacía gracia que unos ciudadanos mexicanos, así declamasen la Divina Comedia de Dante de corrido en italiano, se proclamasen descendientes de los amamantados por la loba romana en lugar de considerarse descendientes de los méxicas. Pero era tiempo del auge del fascio y los vecinos de Chipilo abrazaron el haz de lictores sin reparo ninguno, a diferencia de la madre patria italiana, donde sólo era fascista una parte de la sociedad. Pasaron los años, y Mussolini puso la bandera italiana sobre Adiis Abeba, la capital de Etiopía, y se embarcó en la Segunda Guerra Mundial sin pensárselo mucho. Tres años mas tarde de la entrada de Italia en guerra unto a Alemania, con los norteamericanos en Sicilia, el Gran Consejo Fascista destituía a Mussolini, Italia se rendía a los aliados en septiembre de 1943 y los alemanes entraban en Roma. De Chipilo se adueñó la decepción, “Mussolini es un santo, ha sido traicionado pero al final será suya la victoria”, tronaba una vecina. De 1943 a 1945 Chipilo siguió confiando en la República Social Italiana, el mini Estado de Mussolini en el norte de Italia. Gracias a la radio, Chipilo siguió casi en directo el asesinato de Mussolini en abril de 1945 y la pública exposición de su cuerpo, boca abajo, colgado de la marquesina de una gasolinera en Milán. Junto a él , colgaba también el cadáver de su compañera, Claretta Petacci, que decidió interponerse entre las balas y el hombre a quien amaba. Nadie sacó fotos hasta que la falda de Claretta, que caía sobre su cuerpo al estar éste colgado en posición invertida, dejando al descubierto sus prendas íntimas, fue recogida por un alma piadosa. Para Chipilo la emoción fascista había terminado. Pier Paolo Passolini, en 1975, trazó una alegoría de la República Social Italiana, la República de Saló, en Saló, o los 120 veinte días de Sodoma”. Los jerarcas fascistas, en el film, secuestraban jóvenes en el norte de Italia para sodomizarlos y tortularlos. Para Passolini, era una alegoría contra la tiranía y un alegato a favor de la libertad. En Chipilo no creo que hayan visto nunca la película, y, vista la homofobia tanto de mexicanos como de fascistas – en esto, qué curioso, coincidían- no les hubiera hecho ninguna gracia . Tras la caída de 1945, el Gobierno mexicano vio la oportunidad de terminar con aquel foco contestatario de la identidad mexicana. Chipilo era México, México y sólo México a pesar del italiano hablado. Tenochtitlán no admitía como rival a la Roma imperial. Ni el águila mordiendo a la serpiente toleraba las sombra de a la loba amamantadora de Rómulo y Remo. Arrivederci.

1 comentario:

Duardo Charot dijo...

Hola, Kicker2001

En Chipilo no se habla italiano sino la lengua minoritaria de inmigración véneta.
Un saludo.
Eduardo Montagner.
Lingüista y escritor.
http://www.alfaguara.com.mx/catalogo/biografia.asp?NombreCompleto=Eduardo%20%20Montagner